“Vencidos”, la historia de los perseguidos por el franquismo

“Después de tres años de trabajo, el colectivo barcelonés Date Cuenta ha finalizado la grabación y recopilación de información del proyecto Vencidos. Se trata de la recogida en formato audiovisual de más de cien testimonios de represaliados y represaliados por la dictadura franquista, entre los que se encuentran testimonios de Aguilar de la Frontera.”

Vencidos[1]

Ahora DateCuenta ha lanzado una campaña de crowdfounding para conseguir el dinero necesario para la edición de un libro donde se recoja el material que han conseguido recoger y elaborar. A través de una plataforma http://www.lanzanos.com buscan la ayuda de personas que puedan estar interesadas en que salga Adelante este proyecto. Fundamentalmente buscan personas dispuestas a pagar el libro antes de que sea impreso, con el fin de reunir los recursos.

El libro se compone de 360 páginas de formato A4 y a una tinta, contiene unas 200 fotografías impresas en alta calidad y en una imprenta local que trabaja con principios ecológicos. Incorpora, además de las 100 entrevistas, una aproximación histórica y un glosario como herramienta para docentes. El libro está prologado por el escritor Manuel Rivas y la fotoperiodista Sandra Balsells.

Tras recorrer 12.000 kilómetros a lo largo y ancho de todo el Estado han sido grabadas para siempre las palabras de Alejandra, una comunista de 97 años que explica que una cosa es una “guerra civil” y otra la guerra de los ricos contra los pobres; las de Virgilio, que presenció el horror fascista en dos guerras diferentes, acabando en los campos nazis y ayudando a liberarlos en el 1945; las de José y Martín, dos anarquistas que no se conocen pero que explican del mismo modo y de la misma forma y a mil kilómetros de distancia que vivieron en colectividades que abolieron el dinero y en las cuales ya no se pasó hambre nunca más; las de Antonio, un aviador que tuvo que vivir durante años escondido en un zulo de un metro cuadrado; las de Román, el republicano que entró con los fascistas y presenció a las mujeres alquilando su cuerpo por un trozo de pan; las de Conxa, que le salvó la vida a su hijo recién nacido por un presentimiento; las de Bernabé, que tuvo que vivir debajo de un puente porque los fascistas se lo quitaron todo después de asesinar a su padre; las de María, una niña que desde los 9 años tuvo que sufrir la “depuración” del aceite de ricino; las de Josefina, Rafael, Felisa, Adelina, Marcos; las de guerrilleras, torturados, ex-presas políticas y sociales; desertores, exiliadas, paseados, huérfanas; niños del auxilio social, robados, refugiados a Rusia…

DateCuenta es una agrupación sin ánimo de lucro que atiende e investiga sobre diversas realidades y que lleva trabajando en diferentes proyectos desde hace cinco años. La filosofía de la asociación es trabajar de forma independiente y apuesta por la elaboración de materiales sencillos y comprometidos.

107 testimonios y testigos

45 mujeres ( dos de ellas de Aguilar de la Frontera (Córdoba) y 62 hombres hablan sin tabús y sin censuras del antes y el durante de la represión, pero también hablan de los comportamientos del ser humano, de la lucha hacia la igualdad y de la creación de sociedades alternativas reales. También se posicionan en lo que está pasando en la actualidad, con lo que su testimonio constituye un referente para los jóvenes que trabajan hoy por un cambio social.

La más joven de las entrevistadas, Esther Domingo, vive en un pueblo Lleida y tiene 67 años. Es hija de un cenetista asesinado de una paliza en los años 50 después de haber cumplido condena en la cárcel. Esther no sabe dónde se encuentra su padre a pesar de los años de investigación de su hija Noelia, y precisamente por esa falta de documentación hoy falta todavía una placa en el cementerio de Lleida, que es donde todos los testimonios orales coinciden que está enterrado. Es el olvido dentro de la memoria.

La más mayor, Felisa Bravo, es una segoviana que vive en París. Tenía 27 años el día de la proclamación de la República. Quedó embarazada pero su marido tiene que marchar al frente y ella inicia la huída a Francia, pasando por campos de concentración hasta que puede, afortunadamente, reencontrarse con él, pero luego en la invasión nazi es apresado a un campo de exterminio del que sale vivo pero muy enfermo. Ayudó a la resistencia y salvó a muchas personas de los nazis arriesgando la suya una vez más.

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