Cebados con la familia Robador, La Rioja | #DiseloalaONU

Mi tío, Pedro Robador García, natural de Briones (La Rioja), músico y pescador afiliado a la CNT. Fué detenido en la puerta de su casa. Su hermana Rosalía le llevaba la comida hasta que un día la dijeron que ya no la necesitaba.

Fue fusilado en las tapias del cementerio de Cenicero (La Rioja) el 13 de Septiembre de 1936, con 28 años de edad. Nunca supimos dónde están depositados sus restos.

Detuvieron a mis abuelos. Mi abuelo murió cuando salió enfermo de la cárcel.

Mi tía julia fue humillada, rapándola la cabeza, dándola aceite de ricino y obligándola a barrer la plaza del pueblo a la hora de misa mayor y la metieron en la cárcel cinco años.

Mi tío Anatole también le detuvieron y metieron en la cárcel.

Mi madre Isabel Robador García; con 10 años se quedó sola con su hermana Rosalía de 16 años.

Como sobrinas, nietas e hijas de estas víctimas y que hemos vivido la angustia de nuestra abuela hasta el último día de su vida llorando por su hijo. Esperamos que esta gran y poderosa Institución: Pueda obligar a la justicia española a aliviar el sufrimiento de las familias de esta victimas haciendo justicia.

Pilar Silva Robador

Arturo Torres Barranco represaliado en Torrubia del Campo | #DiseloalaONU

abuelo2Mi abuelo, Arturo Torres Barranco, nació en 1895 en Torrubia del Campo, un pequeño pueblo de Cuenca. Era agricultor, propietario de unas cuantas tierras, una galera y una pareja de mulas y con ellas sacaba a su familia adelante. No exento de inquietudes políticas, con la llegada de la República ocupó el cargo de Recaudador del Impuesto de Utilidades y Consumos de la primera corporación republicana de la localidad. El 30 de junio de 1936, pocos días antes del golpe militar, presentó el último estado de cuentas. Debido a su edad no combatió.

En las elecciones del 16 febrero de 1936 apoyó al Frente Popular y tras la victoria de éste, en abril fundó en su pueblo el Partido de Izquierda Republicana.

En la mañana del viernes 1 de septiembre de 1939, a la misma hora que Alemana invadía Polonia dando comienzo a la Segunda Guerra Mundial, era detenido y trasladado a la cárcel del municipio en prisión preventiva. Ese día cumplía 44 años y como tantos otros defensores de la República pasaba a engrosar el catálogo franquista de destrucción humana. Dejó solos y sin recursos para subsistir a una mujer y cuatro hijos pequeños. El menor tenía seis meses.

La Auditoria de Guerra procedió a instruir un sumarísimo de urgencia (1654/29). Ser republicano, tener ideología de izquierdas y haber fundado I.R. en una pequeña localidad conquense era más que suficiente para que le imputaran un delito de Rebelión. Pero, ¿Quién se rebeló contra quien? A media España se la castigó con el encarcelamiento y/o la muerte por no adherirse a la sublevación fascista.

denuncia3El Consejo de Guerra tuvo lugar a las tres de la tarde del día 6 de noviembre de 1940. La acusación del Fiscal: culpable de un delito de auxilio a la rebelión, siendo condenado a la pena de doce años y un día de reclusión.

Gracias a la ayuda de una familia influyente de Cuenca, le concedieron la prisión atenuada el 23 de noviembre de 1941. Salió de la cárcel el 24 de noviembre de 1941 con una libertad precaria, pues a todos los efectos seguía siendo un preso de Franco. Su libertad estaba condicionada al comportamiento que tuviera fuera de la cárcel, por lo que tuvo que vivir con la constante amenaza del retorno. Los salvadores de la patria no le dejaron levantar la cabeza. En octubre de 1944 el Juez considera al abuelo mero propagandista y el Auditor de Guerra acuerda dar curso a la libertad vigilada. Seguía siendo preso. A fecha de hoy no he conseguido averiguar cuando fue liberado.

Durante casi tres años estuvo encarcelado en la Prisión provincial de Cuenca y en la habilitada del Seminario, sometido a la constante tortura psicológica y física de una represión institucionalizada, humillado, convivió con el hambre y el terror. Cuando pudo salir de aquel infierno, era un ser derrotado, agarrado a un bastón, un vencido que guardó silencio durante toda su vida. El régimen franquista no solo le privó de libertad, también hundió la economía familiar. Vivió desde entonces su exilio interior dentro de una sociedad herida, intoxicada de la estructura mental del dictador, para el cual el orden era su orden, el derecho su derecho y la vida no tenía valor.

Y yo, su nieta, decidí iluminar su Memoria por mi padre y por mi hija, para que no olvide nunca y jamás tenga que luchar contra la palabra IMPUNIDAD.

Mi denuncia desde aquí las dificultades para conseguir datos de su represión a través del Archivo Histórico de Defensa. Se negaron a entregarme el expediente judicial alegando que estaba en avanzado estado de deterioro. El Acta del Consejo de Guerra no aparece. Denuncio la paradoja que supone el ejercicio del derecho a saber y un Estado que se llama democrático que lo impide, ya que los documentos están en proceso de destrucción, y no de restauración, y no por falta de medios -que los ha habido durante décadas-, sino por la desidia de una institución, en este caso de las Fuerzas Armadas, por el patrimonio documental que custodia, que es de todos los españoles.

Mi denuncia a Izquierda Republicana, partido del que es militante histórico mi abuelo. Cuando les demande datos de su militancia, después de mucho silencio solo obtuve la desafortunada respuesta de que para ellos era prioridad la política y no la Memoria y me regalaron el calificativo de “ignorante”

Mi denuncia a los gestores de la Querella Argentina y el impedimento constante para poder presentarme como querellante en nombre de mi abuelo.

María Torres Celada

La vida es mi espacio de resistencia. Milito en la Memoria

Alejandro Matilla Herrero asesinado en Gijón | #DiseloalaONU

Mi tío Alejandro Matilla Herrero, hermano de mi padre, fue uno de los sargentos que junto con el sargento Rafael Sánchez y otros cabos y sargentos, desarmaron a los oficiales de una compañía que salió del cuartel Simancas en Gijón, ambos llegarían a tenientes de Infantería en el ejército republicano.

Fue fusilado, a los 29 años de edad, el día 4-3-38 por los insurrectos tras un consejo de guerra celebrado el 6-1-38.

Sus restos reposan en la fosa común del cementerio de Ceares en Gijón junto a los restos de otras 1.933 personas represaliadas.

Juan de Dios Matilla Garrido

Marcelino Subías Ara asesinado en Almudébar | #DiseloalaONU

Mi abuelo materno, Marcelino Subías Ara, natural de Salvatierra de Esca (Huesca) y vecino de Almudébar (Huesca) fue detenido en esta localidad por los sublevados en los primeros días del mes de agosto de 1936.

Tras permanecer encarcelado en la prisión de Huesca, y sin haber sido juzgado, fue fusilado en el cementerio de dicha ciudad el 16 de agosto de 1936, según datos recogidos en el libro De hombres y de sueños, escrito por Raúl Mateo Otal, Ana Oliva Garín y Luis Antonio Palacio Pilacés, editado en 2006 por la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica en Aragón.

Años más tarde la familia intentó recuperar el cuerpo que, según información de la Cruz Roja, estaba enterrado en una tumba identificada únicamente con un número, pero al realizar la inhumación descubrieron que el cuerpo allí enterrado pertenecía a una mujer, por lo que, hasta el momento, seguimos sin saber dónde se enterró a nuestro abuelo.

Inmaculada Muro Subías

Gumersindo Gonzalez Sánchez Desaparecido en Almuhey | #DiseloalaONU

Mi abuelo Gumersindo Gonzalez Sanchez de apenas 30 años fue sacado de su casa en el pueblo de Puente Almuhey en Leon en diciembre del 36, por un grupo de falangistas.

Hoy casi 80 años después sus restos no han sido encontrados.

Dignidad y justicia para los asesinados.

Este país esta lleno de fosas comunes y es intolerable.

Maria Rosario Herboso Gonzalez

Vicente Carrero García desaparecido en Moraleja | #DiseloalaONU

Mi abuelo, Vicente Carrero García, casado con Silvestra Montero , padre de Emilia Carrero Montero y yerno de Silvestre Montero.

Desaparecido el 28 de Agosto de 1936 en Moraleja, Extremadura. Fusilado, abandonado durante días a las alimañas y enterrado en una fosa común cuya localización se describe en los testimonios recogidos en http://www.lagavillaverde.org/desaparecidos/Fco_Duran/Fco_Duran.htm y en http://lamemoriaviva.wordpress.com/los-nuestros/

Un abuelo que no pudo llegar a ver a sus nietos y un padre que no vio crecer a sus hijas arrancado de la vida por los asesinos fascistas. Asesinos que han muerto amparados en la ley de amnistía o que siguen ocupando cargos públicos y políticos.

Francesc Vinyals i Carrero

Homenaje a las víctimas de la represión franquista en Puebla de Alcocer | #DiseloalaONU

homenaje 3Según el Estatuto del Tribunal Penal Internacional la desaparición forzada podría definirse como:

Arresto, detención, secuestro o cualquier otra forma de privación de libertad que sea obra de agentes del Estado o de personas que actúan con la autorización y apoyo del Estado, seguida de la negativa de reconocer dicha privación de libertad o del ocultamiento de la suerte o el paradero de la persona desaparecida, sustrayéndola así de la protección de la ley.

El pasado sábado 21 de septiembre celebramos en Puebla de Alcocer la reinhumación y homenaje de las víctimas de la represión franquista de esta localidad. Éste acto ha sido uno de los pasos finales de uno de los proyectos de mayor entidad que hemos desarrollado desde el PREMHEx en los últimos dos años.

De: Arqueología de la Guerra Civil Española

Via Francisco Bernal Bautista

Esteban Rodrigálvarez asesinado en Sigüenza | #DiseloalaONU

Entre todas las pancartas está la de Gregorio Rodrigálvarez, donde destaca la imagen de un hombre elegantemente vestido y con una abundante cabellera. Era su padre, Esteban.

En 1936, siendo un niño de corta edad, vio cómo “unos falangistas” entraban en su casa de Sigüenza y se lo llevaron. No volvió a saber de él.

“Al día siguiente mi madre salió a buscar noticias y se topó con uno de los que se lo habían llevado. Tenía en la muñeca su reloj de oro, y ella le espetó que además de asesino, era un ladrón”, relató. “El la tiró al suelo de un golpe y ella le lanzó una piedra.

La apresaron, la cortaron el pelo y casi la fusilan, pero otro falangista que era mejor persona convenció al resto de que la dejaran en paz porque ya nos habían dejado a mis hermanos y a mi sin padre”.

Ahora anciano, Rodrigálvarez no ceja en su empeño de que reparen el daño, aunque sea con una disculpa: “Quiero enterrar a mi padre y quiero que me pidan perdón”, asegura.

Via El Pais “Víctimas del franquismo piden a la ONU investigar los crímenes de la dictadura”

Ana Ricarda Cobacho Cañete. Desaparecida en Jauja (Córdoba) | #DiseloalaONU

Transcribo la historia de mi abuela tal y como se narra en el libro de Francisco Moreno Gómez ‘1936: el genocidio franquista en Córdoba’ :

anaricarda“El 13 de agosto marcharon a la ocupación de la aldea de Jauja, otra pedanía de Lucena. Sus moradores, también dedicados plenamente a recoger los frutos de la tierra (sin tiempo para conspiraciones en cuarteles y sacristías), se vieron sorprendidos por el ciclón que les llegaba desde Lucena. Ningún desorden había ocurrido en Jauja, y además protegieron al párroco Ildefonso Villanueva, de modo que no había nada que reprochar a estos vecinos. Sin embargo, la ruina y el dolor cayeron sobre ellos. Muchos campesinos, hombres y mujeres, fueron detenidos.

El cuartel y la Casa del Pueblo se convirtieron en prisión. Y más de 20 personas fueron asesinadas a manos de las «personas de orden». Mataron a dos mujeres (Rosalía Ruiz, de 52 años, y Ricarda Ana Cobacho, de 36). Mataron a los funcionarios Pedro Toledano y Ángel Reyes «Zaleones». A este último lo mataron en el cementerio de Badolatosa, y lo torturaron antes de morir. Ya hemos citado el caso del apodado «el Picaleta», al que torturaron en el cuartel de Lucena, logro zafarse de los verdugos y se suicidó lanzándose de cabeza contra una columna. En el Registro de Lucena constan 10 fusilados de Jauja. Otros 11 los ha identificado Arcangel Bedmar por encuestas familiares. Así acabó la vida pacífica de los campesinos de Jauja.

Conviene que nos detengamos en la tragedia sufrida por Ricarda Ana Cobacho Cañete «Ricardita», en la aldea de Jauja. Era una mujer culta, de 36 años, socialista como toda su familia. Tenían una tienda de comestibles y en los ratos libres hacía de maestra particular y de escribiente para la gente que necesitaba cualquier gestión administrativa. Sus cuatro hijos eran menores de edad (el mayor, Juan José, de 13 anos). Era una mujer esbelta, agraciada, en un hogar feliz, como tantos otros hogares en aquella España rota por el golpe militar. A comienzos de la República se cruzó en su vida un personaje maldito, que empezó a enviarle notas amenazantes por su campana para la construcción de una escuela en vez de un cuartel. Se trataba del guardia civil del puesto de Jauja Antonio Velázquez Mateo, de 33 anos. Ella no se amilano, se presento en la Comandancia de Córdoba y lo denunció. El guardia desvergonzado fue trasladado a Málaga.

Al estallar la sublevación de 1936, el guardia Velázquez no tardo en hacerse presente en Jauja, con gran preocupación para «Ricardita». Esta, como forma de conjurar el peligro, se trasladó a Córdoba y se alojó en una pensión durante dos meses. Sus hermanos, socialistas, también huyeron de Jauja. Los niños quedaron al cuidado del padre. Pero, a finales de octubre de 1936, «Ricardita» decidió regresar a Jauja, en mala hora. Mientras tanto, en Jauja estaban haciendo de las suyas el guardia Antonio Velázquez (convertido en jefe de los requetés) y el falangista Rafael Écija Carrasquilla «Seco Carrasquilla», de Lucena, que tenia tierras en Jauja. Entre ellos y algunos más sembraron el terror en la aldea. En cuanto «Ricardita» llegó a Jauja, el guardia Velázquez vio llegada la ocasión de la venganza y la hizo detener de inmediato, junto a su madre y su hermana, además de una amiga de la familia, Rosalía Ruiz Cobacho, de 52 anos (cuyos hijos, también socialistas, estaban huidos de la aldea). Las pelaron y las torturaron en el cuartel durante cuatro días, al cabo de los cuales fusilaron a Rosalía en la puerta del cementerio. Era el 5 de noviembre de 1936. A «Ricardita» se la llevó sola el guardia Velázquez y la tuvo varios días encerrada en una casa de campo. La torturo y La sometió a un calvario. A los pocos días apareció su cuerpo en el arroyo de La Coja, semienterrada y destrozada. La encontró un conocido de la familia, Vicente Maireles Carrasco, y la acabo de enterrar. El marido enfermó y perdió la razón. Al hijo mayor, de 13 anos, le dieron una paliza. Actualmente, los hijos de la víctima testifican que en los hechos participaron, además del Velázquez, otro guardia apodado «el Negro Gandul», y los requetés «el Cota» y «el Mono».

Documentación entregada a la ONU